Delmira Agustini (1886–1914) desmanteló los prejuicios de una época que solo permitía a la mujer ser musa, nunca creadora. Desde la inocencia aparente de "La Nena" hasta la voracidad de sus versos mayores, su obra es un duelo constante entre el mármol y la sangre.
Esta antología invita a adentrarse en el misterio de una pitonisa lírica, revelando la evolución de un deseo que no cupo en la vida. La obra se despliega en cuatro movimientos:
La Estirpe de Fuego: La autoproclamación de una identidad mítica, superior y ajena a lo humano.
El Cáliz y la Carne: La consagración del deseo femenino y la subversión audaz del erotismo.
La Estatua y el Silencio: La frustración metafísica ante una realidad que no colma su sed de infinito.
La Sombra y el Vampiro: El descenso a una atmósfera gótica donde Eros y Tánatos se entrelazan.
Esta edición celebra la intensidad de una autora que, en su breve paso por el mundo, cumplió su propia profecía: buscar el espíritu por el camino de la carne.
Delmira Agustini (1886–1914) desmanteló los prejuicios de una época que solo permitía a la mujer ser musa, nunca creadora. Desde la inocencia aparente de "La Nena" hasta la voracidad de sus versos mayores, su obra es un duelo constante entre el mármol y la sangre.
Esta antología invita a adentrarse en el misterio de una pitonisa lírica, revelando la evolución de un deseo que no cupo en la vida. La obra se despliega en cuatro movimientos:
La Estirpe de Fuego: La autoproclamación de una identidad mítica, superior y ajena a lo humano.
El Cáliz y la Carne: La consagración del deseo femenino y la subversión audaz del erotismo.
La Estatua y el Silencio: La frustración metafísica ante una realidad que no colma su sed de infinito.
La Sombra y el Vampiro: El descenso a una atmósfera gótica donde Eros y Tánatos se entrelazan.
Esta edición celebra la intensidad de una autora que, en su breve paso por el mundo, cumplió su propia profecía: buscar el espíritu por el camino de la carne.