«LA MUERTE ME PUEDE LLEGAR DE DOS MANERAS. SI ME QUEDO AQUÍ COMBATIENDO, NO VOLVERÉ VIVO PERO MI NOMBRE VIVIRÁ PARA SIEMPRE; MIENTRAS QUE SI REGRESO A CASA, MI NOMBRE MORIRÁ PERO LA MUERTE TARDARÁ EN LLEVARME.»
Así habla Aquiles, el héroe griego que a pesar de conocer su destino seguirá en la batalla. Héctor, el héroe troyano, antes de encaminarse a la muerte se despide de su mujer y su hijo con estas palabras: «¿Cómo podré mirar a la cara a los troyanos, tanto hombres como mujeres, si rehúyo la batalla como un cobarde? No puedo; no sé hacer otra cosa que combatir con coraje». Como ellos dos, todos los guerreros de uno y otro bando preferirían no estar en la guerra; sin embargo, atrapados por los caprichos de los dioses, buscan al menos alcanzar la gloria, ya que no pueden mantener la vida.
Poema fundacional de la literatura occidental, la Ilíada sigue cautivándonos porque, tras la epopeya y la leyenda, late una verdad intemporal sobre la guerra, el dolor y la condición humana.















