Para brillar, a veces hay que desafiar al sol.
Las lágrimas la liberaron, las estrellas la guiaron y su valor la transformó.
En lo más alto del mundo, donde las nubes bailan y se mezclan con las estrellas, la princesa Celeste reinaba sobre el cielo. Sin embargo, sufría día tras día por culpa del temible Rey del Sol, quien la había encerrado.
Una noche, tras haber visto a la princesa derramar sus primeras lágrimas, una figura oscura le ofrece la llave de su libertad.
Esta historia revela que incluso la bóveda celeste puede albergar un falso amor disfrazado de promesas; por lo tanto, si miras hacia la inmensidad del cielo, tendrás a alguien que te entienda.
No estás sola, y nunca lo estarás.
Siempre es posible romper cadenas, redescubrir la propia voz y volar libre hacia la luz que una misma elige.






















