El abandono, la enfermedad o la soledad, las tradiciones y los viajes se convierten dentro de estas páginas en momentos de revelación capaces de alterar los acontecimientos.
"Cuando el amor reservado no encuentra destino, los hombres se endurecen. Las mujeres sangramos", cuenta una mujer atravesada por un deseo no cumplido, o "Yo no me voy a conformar con un solo gusto teniendo tantos para elegir", se dice a sí mismo un hijo frente a un escaparate con distintos sabores de café, como metáfora de su propia vida. "Toda familia guarda sus locuras en algún lado, pero ninguna las mete a lavar", dice un joven atrapado en su silla de ruedas.
En Si hasta el humo parece sólido, habitamos las dudas, las emociones y las contradicciones de sus personajes. Con ellos, Adriana Arroyo explora el lado más incómodo y visceral de nuestras "sanas intenciones". Una irritación universal y eterna que cuelga piedras de las cadenas más doradas de los bautizos. Un libro sobre el coraje, la vejez y la condena irreversible de pertenecer a algún lado.
¿Qué nos queda de real al apagar la luz?
La prosa de Adriana rasguña el otro lado de lo cotidiano y doméstico, allí donde la belleza debe salir en búsqueda del espanto como su correlato ineludible.












