En Pontevedra nunca pasa nada, hasta que los muertos empiezan a aparecer con una jeringuilla en el brazo y una hostia consagrada en el alma.
Carlos Casal Troitiño es un detective privado de sesenta años, melenudo, cínico y «hippie-bakunista» que opera en Pontevedra. Su monótona rutina —marcada por el café cargado, el consumo de marihuana y la música rock— se rompe cuando asume dos casos simultáneos: investigar la supuesta infidelidad del marido de Maribel Arzúa, un influyente político, y esclarecer la muerte de Luis García, un joven cuyo fallecimiento por sobredosis su madre no acepta.
A medida que Casal profundiza en las pesquisas junto a sus ayudantes, la trama se vuelve turbia. Lo que parecía un simple caso de adulterio y un accidente por drogas deriva en una serie de asesinatos en serie que afectan a un grupo de amigos homosexuales. La investigación lo lleva desde los bajos fondos de la heroína hasta las altas esferas del poder político y eclesiástico, sufriendo agresiones e incluso pinchazos telefónicos en el proceso.
Entre encuentros eróticos con su clienta y grabaciones autobiográficas sobre su juventud rebelde bajo el franquismo, Casal descifra un mensaje póstumo dejado por un sacerdote: las iniciales «E. T.», correspondientes a Eva y Toño. En un clímax violento, descubre que la joven Eva es una psicópata que ha orquestado los crímenes para vengarse de su pasado y obtener beneficios económicos. Tras ser rescatado "in extremis" por la policía, Casal sobrevive para seguir cuestionando un sistema que detesta.












