A través de crónicas personales, el autor explora el Oriente Medio y, especialmente, la compleja realidad de un Líbano marcado por la guerra, la crisis económica y una estructura política basada en el confesionalismo.
Mediante historias de superación y convivencia entre distintas religiones, subraya cómo el cristianismo se vive allí como una tradición creativa y desarmada frente a la violencia. Desde los relatos asombrosos sobre el Carmelo de Harissa y la devoción universal hacia San Chárbel, retrata el Líbano no solo como una nación herida, sino como un escenario plural donde los milagros cotidianos sostienen la esperanza de su gente.
