Lo Que la Tortuga Le Dijo a Aquiles

Publicado en 1895, este breve diálogo filosófico entre Aquiles y una tortuga, es una parábola lógica inspirada en la famosa paradoja de Zenón, pero aplicada a la lógica del razonamiento en lugar del movimiento físico. En la historia, Aquiles intenta convencer a la tortuga de aceptar una conclusión lógica (Z) derivada de dos premisas (A y B): A: "Las cosas iguales a la misma cosa son iguales entre sí." B: "Los dos lados de este triángulo son iguales a la misma cosa." Por lo tanto, Z: "Los dos lados de este triángulo son iguales entre sí." La tortuga acepta A y B, pero se niega a aceptar Z, argumentando que necesitaría otra premisa adicional (C): "Si A y B son verdaderas, entonces Z debe ser verdadera." Aquiles agrega C, pero la tortuga sigue pidiendo una nueva premisa (D) que conecte las anteriores, y así sucesivamente, generando un regreso infinito. El diálogo ilustra un problema fundamental de la lógica: ¿Cómo se justifica la aplicación de una regla lógica sin caer en una regresión infinita? Carroll muestra que no basta con agregar más premisas, porque siempre se podría pedir otra regla que conecte las anteriores. Esto anticipa debates filosóficos posteriores sobre la justificación de las reglas lógicas y el fundamento del razonamiento deductivo, temas que más tarde retomaron otros filósofos. El texto, aunque breve y humorístico, plantea una cuestión profunda: la lógica no puede justificarse solo mediante más lógica; en algún punto, las reglas deben ser aceptadas y aplicadas, no demostradas.