Primero llegan la tormenta y el rayo y la muerte de Domènec, el campesino poeta. Luego, Dolceta, que no puede parar de reír mientras cuenta las historias de las cuatro mujeres a las que colgaron por brujas. Sió, que tiene que criar sola a Mia e Hilari ahí arriba en Matavaques. Y las trompetas de los muertos, que, con su sombrero negro y apetitoso, anuncian la inmutabilidad del ciclo de la vida.
Canto yo y la montaña baila es una novela en la que toman la palabra mujeres y hombres, fantasmas y mujeres de agua, nubes y setas, perros y corzos que habitan entre Camprodon y Prats de Molló, en los Pirineos. Una zona de alta montaña y de frontera que, más allá de la leyenda, conserva la memoria de siglos de lucha por la supervivencia, de persecuciones guiadas por la ignorancia y el fanatismo, de guerras fratricidas, pero que encarna también una belleza a la que no le hacen falta muchos adjetivos. Un terreno fértil para liberar la imaginación y el pensamiento, las ganas de hablar y de contar historias. Un lugar, quizás, para empezar de nuevo y encontrar cierta redención.
De la obra de Irene Solà se ha dicho: «Lo que triunfa en todo el relato es la alegría de narrar» (Ponç Puigdevall, El País); «El oficio narrativo entendido como un esfuerzo de construcción, de ir y volver, de no dar nada por bueno a la primera, de jugar con la fina línea que separa la realidad y la ficción» (Esteve Plantada, Nació Digital).
























Flor
12/9/2026
Una obra maestra! Me ha gustado todo!!! La historia que cubre tanto, desde el nacimiento a la muerte, el duelo, el amor, la guerra, mezclando lo más cotidiano con el folklore. La narración, que al principio me descolocó porque cambiaba a cada capítulo pero que al final iba esperando con deleite y curiosidad el siguiente. Sin hablar del estilo que es pura poesía. MUY RECOMENDABLE!
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