Este escrito sintetiza muy bien las heterodoxias principales del filosofar nietzscheano, sus interrogantes a dos mil años de filosofía occidental, su cuestionamiento de Sócrates y Platón, de Spinoza y Kant, de Comte y Spencer. No son ocurrencias más o menos provocadoras, rabiosas o cínicas las que el libro contiene, aunque estén expresadas en poderosas fórmulas a veces desconcertantes, más bien condensan con hiriente precisión las consecuencias largamente meditadas de un pensamiento que reivindica el cuerpo y los sentidos, y que por eso mismo asesta golpes de martillo a los ídolos, a los falsos dioses a los que tantos sacrificios se les han ofrecido.
Este escrito sintetiza muy bien las heterodoxias principales del filosofar nietzscheano, sus interrogantes a dos mil años de filosofía occidental, su cuestionamiento de Sócrates y Platón, de Spinoza y Kant, de Comte y Spencer. No son ocurrencias más o menos provocadoras, rabiosas o cínicas las que el libro contiene, aunque estén expresadas en poderosas fórmulas a veces desconcertantes, más bien condensan con hiriente precisión las consecuencias largamente meditadas de un pensamiento que reivindica el cuerpo y los sentidos, y que por eso mismo asesta golpes de martillo a los ídolos, a los falsos dioses a los que tantos sacrificios se les han ofrecido.
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La vida de Friedrich Nietzsche (Röcken, 1844-Weimar, 1900) está marcada, de principio a fin, por un aura inequívocamente romántica. En efecto, su temprana genialidad intelectual, llena de fulgurantes intuiciones sobre los presocráticos y la decadencia griega posterior a Sócrates (El nacimiento de la tragedia, 1872) obtuvo como recompensa la hostilidad y el desprecio de los medios universitarios y académicos oficiales. Además, este filósofo de la vida fuerte, plena y derrochadora fue asediado desde muy pronto por una enfermedad que ya no le abandonaría hasta el dramático episodio de Turín y los diez años de silencio que siguieron hasta su muerte. Maestro como pocos de la lengua alemana y fustigador de los incontables «ídolos» de la existencia humana, Nietzsche es, sobre todo, un genial creador de enigmas (la muerte de Dios, el superhombre, el eterno retorno...) capaces de suscitar materia de reflexión para los próximos siglos