Un espejo implacable del dolor humano en su forma más cruda
En Cuentos trágicos, Emilia Pardo Bazán teje una serie de relatos intensos y conmovedores donde la desgracia no es un accidente, sino una sombra que se cierne sobre cada destino. Con su estilo incisivo y una mirada sin concesiones, la autora retrata la miseria moral, la injusticia social y los abismos del alma humana.
Cada cuento es una herida abierta, una tragedia íntima que revela el lado más oscuro de la existencia. No hay héroes, solo seres humanos enfrentando el peso brutal de sus circunstancias. Una obra que duele, pero que no se olvida.
Un espejo implacable del dolor humano en su forma más cruda
En Cuentos trágicos, Emilia Pardo Bazán teje una serie de relatos intensos y conmovedores donde la desgracia no es un accidente, sino una sombra que se cierne sobre cada destino. Con su estilo incisivo y una mirada sin concesiones, la autora retrata la miseria moral, la injusticia social y los abismos del alma humana.
Cada cuento es una herida abierta, una tragedia íntima que revela el lado más oscuro de la existencia. No hay héroes, solo seres humanos enfrentando el peso brutal de sus circunstancias. Una obra que duele, pero que no se olvida.
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Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 - Madrid, 1921) fue novelista, poeta y crítica literaria. Pertenecía a una familia noble, lo que le facilitó una educación propia de su estatus social. La corriente que primó en sus escritos fue el Naturalismo, por lo que se considera una de sus introductoras en España. Además de su actividad literaria fue consejera de Instrucción Pública, activista del feminismo y, desde 1916 hasta su muerte, profesora de Literaturas Románicas en la Universidad de Madrid. Sitúa la trama de La tribuna (1883) en una fábrica de tabaco y adopta la corriente naturalista en Los pazos de Ulloa (1986), donde se vislumbran las atrocidades medievales de la vida rural gallega. En La madre naturaleza (1887) trata el incesto e Insolación (1899) y Morriña (1899) cierran su vertiente naturalista. Destacó también como ensayista y crítica, ejemplos de ello son La revolución y la novela en Rusia (1887) y La cuestión(1882-1883).