Algo los está cazando. Y ya probó la sangre.
En una aldea perdida entre montañas, donde las leyes se cumplen con castigos y muerte, Aukan y Ayelén cometen el peor crimen posible: escapar. No solo rompen las normas. Despiertan algo.
Primero son los hombres. Luego, las bestias.
Una jauría de huargos rabiosos sigue su rastro, oliendo cada gota de sangre, avanzando entre la niebla como si el bosque mismo los guiara. Pero esas criaturas no son lo único que acecha. Más allá de la cordillera se extiende el Bosque Wekufe, un territorio prohibido donde la noche respira, la tierra se abre… y lo humano empieza a perder forma.
Perseguidos sin descanso, exhaustos, heridos y cada vez más lejos de todo lo que conocían, la huida se convierte en una pesadilla sin salida. Porque en ese lugar no hay refugio. No hay reglas. No hay piedad.
Y lo que los sigue no siempre corre en cuatro patas.
Mientras el bosque se cierra sobre ellos, Aukan y Ayelén deberán enfrentarse a una verdad más aterradora que cualquier criatura: sobrevivir puede exigir algo peor que la muerte.
Cuando cae la noche, las bestias no siempre están afuera.
























