Gustave Flaubert (1821-1880) acometió la escritura de Salambó (1862) con el firme propósito de «extirparse» de la contemporaneidad después de escribir Madame Bovary y experimentar todos los trastornos y contratiempos que el escándalo que supuso su publicación llevó aparejados. Situada en Cartago, la novela narra, en un escenario que recrea con asombroso detalle los esplendores y miserias de la Antigüedad, las peripecias de su heroína, hija del caudillo Amílcar, así como su historia de amor con el apuesto Matho. El fasto y la crueldad del ese mundo remoto, el fragor de las luchas, la angustia de los asedios, las tornas que se vuelven, el vigor de sus personajes, hacen sin duda de esta novela una de las diez mejores nunca escritas dentro del género histórico.
Gustave Flaubert (1821-1880) acometió la escritura de Salambó (1862) con el firme propósito de «extirparse» de la contemporaneidad después de escribir Madame Bovary y experimentar todos los trastornos y contratiempos que el escándalo que supuso su publicación llevó aparejados. Situada en Cartago, la novela narra, en un escenario que recrea con asombroso detalle los esplendores y miserias de la Antigüedad, las peripecias de su heroína, hija del caudillo Amílcar, así como su historia de amor con el apuesto Matho. El fasto y la crueldad del ese mundo remoto, el fragor de las luchas, la angustia de los asedios, las tornas que se vuelven, el vigor de sus personajes, hacen sin duda de esta novela una de las diez mejores nunca escritas dentro del género histórico.
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Gustave Flaubert está considerado como el introductor del realismo francés del siglo XIX. Su obsesión por el estilo, por la búsqueda del mot juste (la palabra justa), hizo que sus obras, consideradas como escandalosas por la sociedad de su tiempo, lograran un reconocimiento unánime por parte de la crítica y de sus compañeros de letras. Tímido hasta lo patológico y en ocasiones arrogante, Flaubert no se granjeó demasiadas amistades a lo largo de su vida. Su carácter, que podríamos calificar de inestable, le llevó a padecer crisis nerviosas que derivaron en una salud frágil. Flaubert, prematuramente anciano, murió de una apoplejía a los 58 años. Contemporáneo del otro gran genio de la literatura francesa, Charles Baudelaire, Flaubert nos lega una obra deslumbrante que arranca con Madame Bovary (1857), sigue con Salambó (1862), La educación sentimental (1869), La tentación de San Antonio (1874), Tres cuentos (1877) y se cierra, póstumamente, con Bouvard y Pécuchet (1881).