“Cándido o el optimismo” (1759) es la obra más célebre de Voltaire (1694 – 1778).
A través de sus páginas geniales, rebosantes de humor mordaz y fina ironía, su autor nos da una de las obras más representativas de la Ilustración del S. XVIII. Pero su novela, en apariencia tan ligera y humorística, encierra la más profunda crítica social, religiosa y filosófica de su época; y a través de Cándido, su ingenuo protagonista, el autor expone las calamidades humanas y desmonta la teoría del optimismo filosófico de Leibniz, tan caro a Pangloss, su mentor y educador.
En efecto, a lo largo del relato, Cándido sufre desventuras, guerras, terremotos, injusticias, persecuciones religiosas y tragedias personales, y estas experiencias contradicen constantemente la afirmación de Leibniz de que vivimos en “el mejor de los mundos posibles”, afirmación que Pangloss repite como dogma.
Un aspecto destacado de la obra es su mensaje final: “hay que cultivar nuestro jardín”. Esta frase de apariencia sencilla en boca de Cándido, encierra una propuesta filosófica concreta: en lugar de buscar explicaciones trascendentales o resignarse ante el sufrimiento, el ser humano debe actuar de forma práctica, ética y productiva en su entorno inmediato. Es una invitación a la acción y al trabajo como único medio para mejorar la condición humana.











