Alanna Caley admiraba tanto a su padre que decidió seguir sus
pasos, lo que la llevó a convertirse en inspectora jefe de la
UDYCO, donde trabajaba bajo sus órdenes.
En aras de cooperar contra el crimen organizado, se les
ordenó reunir pruebas contra uno de los carteles más
sanguinarios de Sinaloa, pero cansada de ver cómo a través de
sus hombres se extendía el tráfico de estupefacientes por
España, cometió el error de tomar la iniciativa e ir a por
Armando de la Cruz: el sicario más peligroso. Sin embargo, la
jugada no le salió como esperaba.
Ahora, el cartel le ha puesto precio a su cabeza por matar a su
mano derecha. Su padre quiere ayudarla, pero Alanna ya no
confía ni en él ni en nadie. Por eso, cuando el nuevo inspector
asignado al caso aparece en el lugar en el que ella lleva
escondida los dos últimos años, lo echa a patadas. Pero
Maverick es de los que prefieren pedir perdón a pedir permiso
y, a fin de cuentas, conquista quien perdura, aunque en los planes de él no entraba ni una cosa ni la otra.









