Nicolás tenía una locura especial, inexplicables malestares que se cuentan en Cláusula testamentaria. En el testamento ha dicho que el cajón donde será enterrado sea fabricado en casa de Joaquim Soares, que dice "es digno de la distinción, uno de los mejores artistas y uno de los hombres más honrados", a pesar que todos sabían que sus cajones eran de pésima calidad. Murió Nicolás a los sesenta y ocho años, no tenía un organismo sano, había en él algún vicio interior o falla orgánica que le llevaba a destruir desde niño los juguetes de otros, no perdonaba a los que se mostraban más adelantados que él, o mejor vestidos, o atractivos, todo le molestaba, no tenía un minuto de tranquilidad, no comía y dormía mal. Sus amigos eran los más antipáticos, vulgares e insignificantes, amaba la naturaleza subalterna. Se casó y una de las maneras de agradarle era elogiando la belleza de su mujer, pero esto le cansó y se fue enclaustrando en la soledad. En sus crisis se provocaba cierta secreción intestinal, una lombriz decían, los ojos se le irritaban, padecía en sus adentros y hacía sufrir a quienes le rodeaban. No quiso, aun estando muerto, permanecer dentro de un buen ataúd, no fuera a ser que estando allí, en el foso de la tierra, sus malestares volvieran, así como no toleraba un buen discurso, un artista hábil, un soneto, un sueño interesante, todo le provocaba crisis, ese era su mal incurable e inexplicable, un mal generalizado y caricaturizado, pero que no deja de estar presente en los comportamientos humanos de los que se ruborizan ante el éxito ajeno, que sienten que se les carcome el alma ante los que son mejores, y muestran destrezas o capacidades propias, que prefieren vivir en la podredumbre, en la ignorancia o la incompetencia, ahí subsisten, entre aduladores, sumisos y relegados, en otro medio, como Nicolás, se ponen verdes de envidia o ira, se les retuercen las entrañas por esa lombriz desconocida que se llama locura o se suele nombrar por algunos de sus numerosos homónimos. Para tantos como Nicolás, tal vez las cosas son a como las cuenta Wilde en uno de sus cuentos: "lo único que lo sostiene a uno en la vida es la conciencia de la inmensa inferioridad de sus semejantes".
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