"Los buenos novelistas -escribió Oscar Wilde- son mucho más raros que los buenos hijos". Quizá sería lícito añadir que los buenos cuentistas son aún más raros que los buenos novelistas. Antes que «El retrato de Dorian Gray», Oscar Wilde escribió los cuentos que componen «El Príncipe Feliz y otros cuentos» y los completó con los de «Una casa de granadas». Sorprende cómo un autor que prescindía de la moral en beneficio del arte pudo escribir estos cuentos sentimentales y con moraleja. En otras manos habría sido un material peligroso; en las suyas, los cuentos sentimentales se hacen conmovedores, y las fábulas morales se convierten en poemas líricos de insospechada belleza. [Edición anotada, con presentación y apéndice]
"Los buenos novelistas -escribió Oscar Wilde- son mucho más raros que los buenos hijos". Quizá sería lícito añadir que los buenos cuentistas son aún más raros que los buenos novelistas. Antes que «El retrato de Dorian Gray», Oscar Wilde escribió los cuentos que componen «El Príncipe Feliz y otros cuentos» y los completó con los de «Una casa de granadas». Sorprende cómo un autor que prescindía de la moral en beneficio del arte pudo escribir estos cuentos sentimentales y con moraleja. En otras manos habría sido un material peligroso; en las suyas, los cuentos sentimentales se hacen conmovedores, y las fábulas morales se convierten en poemas líricos de insospechada belleza. [Edición anotada, con presentación y apéndice]
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Novelista, poeta, crítico literario y autor teatral de origen irlandés, gran exponente del esteticismo, Oscar Wilde conoció el éxito desde sus comienzos gracias al ingenio punzante y epigramático que derrochó en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar a sus contemporáneos. Defensor del arte por el arte, sus relatos repletos de diálogos vivos y cargados de ironía provocaron feroces críticas de los sectores conservadores, que se acentuaron cuando Wilde fue acusado y condenado por su homosexualidad, lo que originó el declive de su carrera literaria y de su vida personal. Entre sus obras destacan las cuatro comedias teatrales El abanico de lady Windermere (1892), Una mujer sin importancia (1893), Un marido ideal (1895) y La importancia de llamarse Ernesto (1895), El fantasma de Canterville o El retrato de Dorian Gray, su única novela.