Charles Dickens (Portsmuth, 1812 – Gadshill, 1870) ha llegado hasta nosotros como el autor más importante e influyente de la literatura victoriana. Sus obras y su peripecia personal, íntimamente relacionadas, plasmaron no sólo el pulso social de su época, también el terrible estado moral de una sociedad atrapada en la desigualdad y las convenciones. Dickens experimentó la miseria, el éxito popular, la cárcel, el hambre... sólo logró cumplir con el más íntimo de sus anhelos, la libertad, entregándose a la literatura. Aunque muchas de sus obras gozaron de un extraordinario favor popular, baste decir que muchas de ellas fueron publicadas por entregas, en formato folletín; serían las críticas entusiastas de George Gissing y G. K. Chesterton las que encumbrarían a Dickens como el autor más importante de la literatura inglesa del siglo XIX.
Rudyard Kipling nació en Bombay, India, pero sus padres lo trasladaron a Londres a estudiar, por lo que durante unos cuantos años vivió separado de ellos. Según su familia, Kipling gozaba leyendo en voz alta sus propias historias y él mismo se reía a carcajadas de sus bromas. Al terminar los estudios, se dedicó al periodismo y a los veintiún años escribió su primer libro, al que le siguieron muchos más, entre poemas y narraciones, inspirados, en gran parte, en los viajes que durante años hizo por todo el mundo y en su interés por las ciencias naturales. En reconocimiento, el Reino Unido nombró una nueva especie de cocodrilo prehistórico con su nombre, el Goniopholis kiplingi. También se le nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico en tres ocasiones, honores que rechazó, y en 1907 fue el ganador del Premio Nobel de Literatura más joven hasta la fecha.
Casi todo el mundo sabe hoy quien es Mark Twain, pero pocos saben que su verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens y que nació prematuramente en Florida, en el Estado de Missouri, en 1835. A los veinte años, tras haber sido tipógrafo en un pueblo del Mississipi, vagabundeaba ya por el Estado de Nevada en busca de plata, que jamás encontró, y a los 35, era hombre casado y célebre. Inquieto, aventurero y vital en su juventud, en la madurez, no contento con el éxito como escritor, cayó presa del afán de dinero, que le llevó a arruinarse en más de una ocasión y a alejarse de su mujer y de sus hijas. Su vida fue la de un hombre contradictorio, eternamente insatisfecho. Treinta y siete volúmenes ocupa su obra completa, lo cual nos indica lo poco que sabemos del creador de los inefables Tom Sawyer y Huckleberry Finn, compañeros inseparables de nuestra infancia.