A veces perderlo todo es la única forma de encontrarse.
Imaginad que cada familia hiciera un sorteo para repartir los papeles: el espabilado, el gafe, el vividor, la oveja negra… Pues a mí me ha tocado ser la pariente pobre. Sí, esa misma, la de los apellidos rimbombantes —me llamo Lucrecia Estefanía Peralta de la Merced—, pero estoy sin un euro en el banco.
Por si os lo preguntáis, pertenezco a la rama inútil del linaje, esa que lleva generaciones tomando malas decisiones y superándose en el desastre.
Menos mal que, en cuestiones de amor, heredamos el gen que nos mantiene lejos del romanticismo. Si el estado civil aún figurara en el DNI, en el mío pondría: «El cupido de esta chica se droga».
Y aquí estoy, intentando recomponer mi vida: con un novio abogado al que solo aguanto por ahorro legal, metida en líos judiciales y, atención, trabajando por primera vez en algo decente…, en una clínica veterinaria.



















Maira
29/8/2026
Aunque le gustó el final, el desarrollo fue lento y no muy entretenido
M
14/8/2026
No acabo de entender la novela. Va solo de sexo? Va de sexo sin amor? Va de hacer algo siempre diferente en una relación respeto a amor y sexo? La trama transcurre de forma lenta y queda algo escondida la parte del amor entre los diferentes tipos de personajes que aparecen. A veces parece estar escrita con algo de dureza, no sabría decir por qué, creo que debería haber algo más de dulzura en algunos momentos, pues se hace un poco irreal tanta frialdad, incluso agresividad.
Ely
10/8/2026
Muy entretenido y divertido
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