Samuel se queja de todo. Absolutamente de todo. Da lo mismo si es el desayuno, un paseo o un día perfecto: siempre hay un "¡ay, qué horror!" listo para salir de su boca.
Pero cuando un paseo al bosque cambia inesperadamente, sus lamentos dejan de ser solo ruido. Entonces, Miguel —y quienes lo rodean— descubrirán que no todas las quejas son iguales… y que a veces, saber distinguirlas puede hacer toda la diferencia.
Con humor y ritmo, Sufridón invita a reír, reconocer y repensar esas pequeñas tragedias cotidianas que, vistas de cerca, no siempre lo son.



