Jonathan Swift (Dublín, 1667–1745) cursó estudios en el Trinity College y se ordenó sacerdote anglicano en 1695 tras una fallida experiencia como diplomático profesional en Inglaterra. Aunque inicialmente se alineó ideológicamente con el partido liberal, sus importantes diferencias de criterio con sus compañeros de filas lo llevaron a militar en el partido tory (conservador), cuando éste logró el poder en Inglaterra en 1710. En 1713 fue nombrado deán en la catedral de San Patricio, en Dublín. Los años siguientes, hasta que perdiera sus facultades físicas y psíquicas en el último lustro de su vida, están marcados por un sentimiento de soledad y amargura personal cada vez mayor, en contraste con una fama literaria creciente y con una inmensa popularidad como defensor de la causa irlandesa. Su epitafio, escrito por él mismo, reza: «Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, déan de la catedral, en un lugar en que la ardiente indignación no puede ya lacerar su corazón. Ve, viajero, e intenta imitar a un hombre que fue un irreductible defensor de la libertad.»
Jane Austen reflejó en su obra la vida de la clase alta inglesa de su época con un sutil espíritu crítico que la ha convertido en una de las escritoras más leídas y reconocidas, un verdadero clásico popular. Escribió seis novelas, Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión, publicada póstumamente; la novela breve Lady Susan y dos novelas inacabadas, Los Watson y Sanditon.
Charles Dickens (Portsmuth, 1812 – Gadshill, 1870) ha llegado hasta nosotros como el autor más importante e influyente de la literatura victoriana. Sus obras y su peripecia personal, íntimamente relacionadas, plasmaron no sólo el pulso social de su época, también el terrible estado moral de una sociedad atrapada en la desigualdad y las convenciones. Dickens experimentó la miseria, el éxito popular, la cárcel, el hambre... sólo logró cumplir con el más íntimo de sus anhelos, la libertad, entregándose a la literatura. Aunque muchas de sus obras gozaron de un extraordinario favor popular, baste decir que muchas de ellas fueron publicadas por entregas, en formato folletín; serían las críticas entusiastas de George Gissing y G. K. Chesterton las que encumbrarían a Dickens como el autor más importante de la literatura inglesa del siglo XIX.
Nació en 1885 en Eastwood, Nottinghamshire. Sus primeras novelas, El pavo blanco (1911) y El merodeador (1912), provocaron un escándalo por la audacia del autor en la descripción de las relaciones sexuales. En su obra exalta los impulsos de la naturaleza y, sobre todo, la libertad del amor físico. En Gran Bretaña escribió Hijos y amantes (1913) y El arco iris (1915), prohibido por la censura. En 1919 dejó su patria esperando encontrar menos conformismo en otros países. En Italia escribió La vara de Aarón (1922); Australia le inspiró Canguro (1923); México, La serpiente emplumada (1926). Vivió también en Nuevo México, pero volvió a Florencia para escribir y publicar El amante de Lady Chatterley (1928). Murió tuberculoso en Francia, en 1930, pero fue enterrado en Nuevo México. Además de sus novelas escribió relatos cortos y poemas.
Casi todo el mundo sabe hoy quien es Mark Twain, pero pocos saben que su verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens y que nació prematuramente en Florida, en el Estado de Missouri, en 1835. A los veinte años, tras haber sido tipógrafo en un pueblo del Mississipi, vagabundeaba ya por el Estado de Nevada en busca de plata, que jamás encontró, y a los 35, era hombre casado y célebre. Inquieto, aventurero y vital en su juventud, en la madurez, no contento con el éxito como escritor, cayó presa del afán de dinero, que le llevó a arruinarse en más de una ocasión y a alejarse de su mujer y de sus hijas. Su vida fue la de un hombre contradictorio, eternamente insatisfecho. Treinta y siete volúmenes ocupa su obra completa, lo cual nos indica lo poco que sabemos del creador de los inefables Tom Sawyer y Huckleberry Finn, compañeros inseparables de nuestra infancia.