Sentencias a una civilización muerta

No se exagera cuando afirmamos que todas las entradas al conocimiento se han estrechado y pronto están por quedar selladas para siempre; mientras, todas las salidas se han abierto y la estampida humana no ha demorado en mostrarse. Cada vez que el hombre desea avanzar un paso en el camino del conocimiento, retrocede diez, y no se detiene, persigue voluntaria e inexorablemente su cruel destino.

Es momento de desatender los halagos y los consuelos, y predisponerse para doblar las rodillas y tomar asiento en la silla del acusado, abrir los oídos y cerrar los ojos y la boca.

A este llamado se precipita el presente escrito. Es decir, lejos estaría el lector si espera encontrar aquí «palabras», pues lo que aquí se ofrece son misiles de alta precisión que, al dar en el objetivo, no dejarán más que esquirlas repartidas por el espacio. No debemos replegarnos ni amilanarnos, porque de resistir la brutal embestida que significa enfrentarse a uno mismo y escudriñar los secretos del alma, de los restos desolados puede germinar la esencia eterna, indestructible, que permite al hombre ser libre en aquello en lo único que debe serlo: libre para luchar por su Espíritu, reclamarlo y deshacer las cadenas de las débiles y pasajeras promesas, para ocuparse de lo que es, fue y será para siempre.

Om den här boken

No se exagera cuando afirmamos que todas las entradas al conocimiento se han estrechado y pronto están por quedar selladas para siempre; mientras, todas las salidas se han abierto y la estampida humana no ha demorado en mostrarse. Cada vez que el hombre desea avanzar un paso en el camino del conocimiento, retrocede diez, y no se detiene, persigue voluntaria e inexorablemente su cruel destino.

Es momento de desatender los halagos y los consuelos, y predisponerse para doblar las rodillas y tomar asiento en la silla del acusado, abrir los oídos y cerrar los ojos y la boca.

A este llamado se precipita el presente escrito. Es decir, lejos estaría el lector si espera encontrar aquí «palabras», pues lo que aquí se ofrece son misiles de alta precisión que, al dar en el objetivo, no dejarán más que esquirlas repartidas por el espacio. No debemos replegarnos ni amilanarnos, porque de resistir la brutal embestida que significa enfrentarse a uno mismo y escudriñar los secretos del alma, de los restos desolados puede germinar la esencia eterna, indestructible, que permite al hombre ser libre en aquello en lo único que debe serlo: libre para luchar por su Espíritu, reclamarlo y deshacer las cadenas de las débiles y pasajeras promesas, para ocuparse de lo que es, fue y será para siempre.

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