Una perfecta habitación de enfermo

Solo Yoko Ogawa puede rescatar la belleza que se oculta tras el dolor y el duelo.

«Como Haruki Murakami, Ogawa escribe historias que se anclan en el paisaje de la mente.» The Washington Post

En Una perfecta habitación de enfermo, una joven recibe la noticia de que su único hermano, de tan solo veintiún años, padece una grave enfermedad y debe pasar los últimos meses de su vida en un hospital. Día tras día, ella lo acompañará en ese trance, y su relación con él se reforzará hasta convertirse en el centro de su existencia. Tanto en el silencio de la habitación blanca como en los pasillos y la cafetería del hospital, donde a veces charla con un empático médico, el tiempo parece detenido, y sin embargo avanza al ritmo de las estaciones. Completa este delicado volumen otra narración, Una mariposa en el hueco de las manos, protagonizada por Nanako, una muchacha que acaba de internar a su abuela en una residencia. Y mientras la anciana parece alejarse gradualmente de la realidad, su nieta empieza a sentir una soledad inmensa, una vívida impresión de estar «atrapada viva». Eso la lleva a cuestionárselo todo, incluso la relación tóxica que tiene con su novio, y a preguntarse si existe una realidad al margen de la que «crece en su interior».

En estos dos relatos, Yoko Ogawa no solo evoca el dolor de la muerte o la violencia de la enfermedad, sino que también explora el tránsito de la vida a la ausencia, un estado que genera sentimientos únicos, muy agudizados, que se quedan grabados para siempre en la memoria del lector.

Om den här boken

Solo Yoko Ogawa puede rescatar la belleza que se oculta tras el dolor y el duelo.

«Como Haruki Murakami, Ogawa escribe historias que se anclan en el paisaje de la mente.» The Washington Post

En Una perfecta habitación de enfermo, una joven recibe la noticia de que su único hermano, de tan solo veintiún años, padece una grave enfermedad y debe pasar los últimos meses de su vida en un hospital. Día tras día, ella lo acompañará en ese trance, y su relación con él se reforzará hasta convertirse en el centro de su existencia. Tanto en el silencio de la habitación blanca como en los pasillos y la cafetería del hospital, donde a veces charla con un empático médico, el tiempo parece detenido, y sin embargo avanza al ritmo de las estaciones. Completa este delicado volumen otra narración, Una mariposa en el hueco de las manos, protagonizada por Nanako, una muchacha que acaba de internar a su abuela en una residencia. Y mientras la anciana parece alejarse gradualmente de la realidad, su nieta empieza a sentir una soledad inmensa, una vívida impresión de estar «atrapada viva». Eso la lleva a cuestionárselo todo, incluso la relación tóxica que tiene con su novio, y a preguntarse si existe una realidad al margen de la que «crece en su interior».

En estos dos relatos, Yoko Ogawa no solo evoca el dolor de la muerte o la violencia de la enfermedad, sino que también explora el tránsito de la vida a la ausencia, un estado que genera sentimientos únicos, muy agudizados, que se quedan grabados para siempre en la memoria del lector.



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