Valle-Inclán decía: "Lo que caracteriza de manera rotunda la tradición estética de nuestro teatro es el grito. […] Sólo en castellano se puede meditar a gritos". Las clases de Amalia Iriarte Núñez podrían inscribirse en esta tradición. Sus alumnos recordarán cómo sus clases eran teatro: Iriarte encarnaba a Hamlet paseándose por el escenario mientras el fantasma de su padre grita desde el otro mundo, a Segismundo tirando por la ventana a un criado y a Sancho vomitando. Y, claro, de vez en cuando irrumpía algún grito que subrayaba la importancia de un pasaje que nosotros habíamos ignorado y que no terminábamos de entender. El grito aclaraba, iluminaba y daba sentido.
Con este libro, pues, hemos querido homenajear a Amalia Iriarte Núñez y participar, nosotros también, de ese "diálogo a gritos" que tanto nos enseñó.




