En la España del ocaso ilustrado, donde el esqueleto de un otrora gigante se debate entre el peso de la tradición y los albores de una nueva razón, José de Cadalso nos lega una obra maestra de la crítica y la sátira: Cartas marruecas. A través del artificio epistolar, la pluma del autor gaditano teje un diálogo tripartito entre Gazel, un joven marroquí que observa con perspicacia y extrañamiento las costumbres hispánicas; su sabio maestro Ben-Beley, que desde el norte de África recibe y comenta sus impresiones; y el cristiano Nuño Núñez, un español desengañado que oficia de guía en este intrincado laberinto social.
Esta obra, publicada de forma póstuma en 1789, es un profundo y lúcido examen de la identidad nacional. Cadalso, heredero del desencanto barroco y del anhelo reformista de la Ilustración, emplea la mirada foránea de Gazel para desnudar las virtudes y, sobre todo, los vicios de una nación que se resiste a la modernidad. La crítica a la ociosa nobleza, la superstición, el orgullo mal entendido y la decadencia científica se hilvana con ironía y un lenguaje exquisito, donde el autor se revela como un patriota dolido que ansía la regeneración de su patria.
Cartas marruecas es, en esencia, una invitación al juicio sereno y una obra fundamental para comprender las grietas de la España moderna, un texto que trasciende su tiempo para dialogar con el lector culto del presente.

