Esto no es un libro de autoayuda.
Es una cabeza con demasiadas ideas brillantes y no suficientes horas de sueño intentando sobrevivir a sí misma.
Fran Ferriz —ilustrador, escritor y autónomo funcional con asterisco— abre aquí sus cuadernos para hablar de clientes que no saben lo que quieren, plazos imposibles, ideas que siempre llegan a destiempo y de esa extraña sensación de saber exactamente lo que hay que hacer y ser completamente incapaz de hacerlo.
El libro recorre el caos de trabajar con un cerebro neurodivergente en un mundo que exige producir, responder y parecer una persona normal. Con clientes ambiguos, reuniones inútiles, plazos imposibles y un sistema diseñado para gente que no se agota por ir a comprar el pan.
Aquí no hay respuestas. Hay café, nicotina, contradicciones y la honesta certeza de que las cosas podrían hacerse mejor si alguien consiguiera ponerse de acuerdo consigo mismo.
Desastre ilustrado es una invitación a asomarse a una mente que funciona a su manera. Que a veces es genial y a veces es un problema, y que en ambos casos te cobra lo mismo.
